Tardé un par de meses en encontrar trabajo cuando llegué a la ciudad de Puebla. Fui como a 50 entrevistas, y en todas siempre era lo mismo "Nosotros te llamamos" a veces con una sonrisa hipócrita que me hacía pensar que seguramente me llamarían, otras veces ni siquiera había contacto visual, por lo que era obvio que su frase esperanzadora era pura rutina. Fue deprimente y desesperante saber que no importaba que tuviera una carrera profesional, simplemente no había oportunidades y sí las había entonces era en un trabajo con un sueldo bajísimo el cual se me iría en el puro transporte de ir y venir de la casa al trabajo ó con horario de niño chino en una textilera (perdón sí parece racista)
En fin, al final creo que encontré el trabajo perfecto. Entré en una constructora, con el jefe mas gritón y exigente del mundo. Soy la encargada de vigilar que todo vaya de acuerdo al plan en una obra de remodelación en la Ciudad de México, por lo que tendré que ir para allá dos veces a la semana como mínimo.
Ayer fue el segundo día que fui para allá. Fui con mi jefe y con el contador de la empresa, pero lo mas relevante del asunto no fue mi trabajo allá, (que en realidad sólo consistió en revisar sí la bodega de madera estaba bien hecha) sino que fui a comer una de mis comidas mexicanas favoritas, la yucateca. Comí tostadas de venado, salbutes, cochinita pibil, mi sopa favorita en el mundo: la sopa de lima y al final mi merecido postre.
Era un restaurarte de lo mas elegante ( y por su puesto carísimo) me sentía tan burgués ahí adentro... Además no he contado el hecho de que a todas partes nos lleva el chofer, en una de esas camionetas enormes y elegantes. En fin, fue una experiencia diferente y muy agradable a la que por supuesto podría acostumbrarme, sí no fuera por el hecho de que primeramente Dios, me voy a U.S.A en septiembre, además de otro hecho muy importante y es que yo aún no soy rica y sólo puedo darme esa clase de lujos sí mi jefe se siente dadivoso como ayer.
Nos quedamos a comer ahí, llegaron algunos amigos de mi jefe y estuvimos comiendo, platicando, (aunque la mayoría del tiempo yo sólo la hacía de escucha, pues son hombres de 50 y tantos o mas, y no tenía mucho tema de conversación con ellos) ellos bebían un tequila tras otro, un whisky tras otro, un brandy tras otro, mientras yo comía la rebanada de pastel de queso con lima mas rico del mundo. Al final, mi jefe me dijo que me regresara a Puebla con el chofer de uno de sus amigos, porqué ya era tarde y ellos se iban a quedar un rato mas.
Me subí a un Mazda 6 plateado, en el asiento trasero; un carro muy agradable para estar atascada en el tráfico de la Ciudad de México casi durante dos horas, las cuales la mayoría no pude dormir para no ser una mal educada y ponerle atención a la conversación del chofer. Un poco antes de salir a carretera y con las canciones a todo volumen de "Emmanuel" me quedé dormida hasta llegar a Puebla. Llegué a mi casa a las 11 de la noche.
